Gozar Leyendo # 62: La inteligencia de los animales

Julio-2017-primera quincena

Apuntes, d.j.a.

¿Tenemos suficiente inteligencia para entender la inteligencia de los animales? (Tusquets) de Frans de Waal.-

Frans de Waal (1948) es una autoridad mundial en primates y un muy reconocido etólogo. A juicio de la revista Time, es una de las cien personas más influyentes del planeta. A riesgo de simplificar demasiado, como mero lector gozoso, como vicioso lector tan adicto al leer que no teme equivocarse en los motivos de su placer (ni que importaran los motivos en un placer de eterno presente), a riesgo, digo, de hacer el esquema en blanco y tiza, desde mi ignorancia supina de la ciencia en cuestión, la zoología, diría que el tema central de este libro es mostrar el reino animal completo, incluyendo a la clase específica de la especie animal a la que pertenecemos usted y yo. Dicho con las palabras del propio Frans de Waal, “la comparación no es entre personas y animales, sino entre una especie animal –la nuestra– y una amplia variedad de especies”.

Hasta ahí lo general –y lo fundamental– del asunto. Lo que sigue es abordar con el método de la más estricta investigación experimental al conjunto de las especies zoológicas. Y mostrar que cada una tiene la inteligencia que necesita. “La respuesta flexible al entorno y la búsqueda de soluciones a los problemas que plantea son una característica de cada especie. Cada una lo hace a su manera. (…) Parece muy injusto preguntar si una ardilla es capaz de contar hasta diez cuando contar no forma parte de la vida de una ardilla. En cambio, las ardillas son muy buenas a la hora de recuperar nueces escondidas, y algunas aves son absolutas expertas. El cascanueces de Clark almacena más de 20.000 piñones durante el otoño, escondiéndolos en cientos de localizaciones diferentes repartidas entre muchos kilómetros cuadrados. De esta manera consigue recuperar la mayoría de los piñones a lo largo del invierno y la primavera. Que no podamos competir con las ardillas y los cascanueces en esta tarea –yo me olvido hasta de dónde he aparcado el coche– es irrelevante, porque nuestra especie no necesita esa clase de memoria”.

El enfoque y el resultado de esta investigación –independientemente de las discusiones filosóficas que pueda suscitar– creo que tiene un valor que todos podemos reconocer, y es el sabio humorismo que brota de mirar zoológicamente nuestra especie. Lo que produce un inmediato, casi automático, cambio favorable en nuestra visión del mundo: “poder entender(nos) entre especies” y, más, aprender a reconocer las formas de la inteligencia animal. “Hoy se acepta ampliamente que los chimpancés no tienen nada que envidiarnos a la hora de reconocer caras, y más cuando se sabe que las áreas cerebrales implicadas son las mismas que en el caso humano”.

Tenemos suficiente

La diferencia fundamental entre el hombre –que se llega a autoproclamar como rey de la creación, pobre creación– y los demás animales ha sido propuesta repetida y variablemente a través de la historia: “siempre estamos buscando la GRAN diferencia, ya sean los pulgares oponibles, la cooperación, el humor, el altruismo puro, el orgasmo, el lenguaje o la anatomía de la laringe. Esta búsqueda quizá se remonte al debate entre Platón y Diógenes sobre la definición más sucinta de la especie humana. Platón propuso que el ser humano es la única criatura desnuda que camina sobre dos piernas. Diógenes trajo un pollo desplumado y lo soltó en el aula con estas palabras: ‘he aquí el hombre de Platón’. A raíz de esta definición se completó con una sabia adición: ‘y tiene uñas planas’”, cuenta De Waal; y él mismo propone un tratado de límites: “por muy sofisticada que pueda ser la comunicación animal, carece de cualidad simbólica y la sintaxis abierta que confiere al lenguaje humano su infinita versatilidad”. Por mi parte, lector gozoso, gozosamente me atrevo a imaginar que la cualidad simbólica de los lenguajes de los otros animales no está al alcance del animal humano; y, todavía más, que la inteligencia del hombre no ha logrado captar la infinita versatilidad de los demás animales.

Más suavemente, lo plantea el propio Frans de Waal: “imaginemos que unos extraterrestres de una galaxia lejana que acaban de aterrizar en nuestro planeta se preguntaran si hay alguna especie diferente del resto. No estoy convencido de que se decidieran por nosotros”.

Algunos apartes de ¿Tenemos suficiente inteligencia para entender la inteligencia de los animales?

-“El invertebrado con más cerebro es el pulpo (…). Se ha observado que los pulpos son capaces de abrir un bote de píldoras a prueba de niños. Dado que esto requiere apretar y girar la tapa al mismo tiempo, hace falta habilidad, inteligencia y persistencia. Algunos acuarios públicos exhiben la inteligencia del pulpo encerrando al animal en un frasco de vidrio que cierran con una tapa enroscada. Emulando a Houdini, el pulpo tarda menos de un minuto en aferrar la tapa desde dentro con sus ventosas y desenroscarla para escapar. Sin embargo, cuando se les daba un frasco trasparente que contenía un cangrejo vivo, no hacían nada. Esto intrigaba mucho a los científicos porque el manjar era bien visible y no paraba de moverse. ¿Acaso los pulpos tienen problemas para desenroscar una tapa desde afuera? Pero el enigma resultó ser producto de uno de esos juicios humanos equivocados. A pesar de que tienen una vista excelente, los pulpos raramente usan este sentido para atrapar presas. Las detectan principalmente mediante el tacto y la información química, por lo que pueden no reconocerlas sin estas pistas. Tan pronto como el frasco se untó por fuera con ‘baba’ de arenque para darle sabor a pescado, el pulpo entró en acción y comenzó a manipular la tapa hasta desenroscarla, para luego sacar rápidamente el cangrejo y devorarlo. Con algo más de entrenamiento, el procedimiento se hizo rutinario”.

-“Los experimentos de cooperación a menudo plantean cuestiones cognitivas (…) la falta de equidad es una preocupación. Esta intuición inspiró un experimento inmensamente popular que Sarah Brosnan y yo mismo llevamos a cabo con monos capuchinos. Tras determinar que todos los monos prefieren las uvas al pepino si pueden elegir, les encomendamos una tarea sencilla que recompensábamos con rodajas de pepino o granos de uva. Los monos no tenían inconveniente en efectuar la tarea si ambos recibían recompensas idénticas, aunque fueran rodajas de pepino. Pero protestaban con vehemencia si las recompensas eran desiguales. El ‘mono del pepino’ se comía su primera rodaja con satisfacción, pero le daba un berrinche cuando advertía que su compañero recibía uvas y él no. A partir de entonces rechazaba sus miserables rodajas de hortaliza y zarandeaba la cámara de pruebas con tanta agitación que amenazaba con desmantelarla. (…) Sara observó que los chimpancés a veces protestan incluso contra la desigualdad que les favorece. No sólo se quejan cuando obtienen menos que el otro, sino también cuando obtienen más. Los que reciben uvas pueden rechazarlas si los otros no las reciben. Esto se acerca más al sentido humano de justicia”.

-“¿Tenemos suficiente inteligencia para entender la inteligencia de los animales? La respuesta corta es: ‘sí, pero nadie lo diría’. Durante la mayor parte del siglo pasado la ciencia se mostró cauta y escéptica hacia la inteligencia animal. (…) La mayoría no quería tocar el tema ni de lejos. (…) Las dos escuelas de pensamiento dominante contemplaban a los animales o bien como máquinas de estímulo-respuesta para obtener recompensas o evitar castigos, o bien como robots genéticamente programados con instintos de supervivencia. (…) Pero los tiempos han cambiado (…) casi todas las semanas hay un nuevo hallazgo relativo a algún aspecto sofisticado de la cognición animal a menudo respaldado con videos persuasivos. Oímos que las ratas pueden arrepentirse de sus decisiones, que los cuervos construyen herramientas, que los pulpos reconocen las caras humanas, o que neuronas especiales permiten a los monos aprender de los errores ajenos. Hablamos abiertamente de cultura en animales, o de su empatía y sus amistades. Nada queda ya fuera del alcance de los animales, ni siquiera la racionalidad, que hasta ahora ha sido un sello de la humanidad”.

-“Contemplo la cognición humana como una variante de la cognición animal. Ni siquiera está claro que nuestra cognición sea tan especial si se compara con una cognición distribuida entre ocho brazos con movimiento independiente, cada uno con su propia dotación neural, o una cognición que permite a un organismo volador atrapar presas móviles en el aire mediante los ecos de sus propios chillidos”.

-“La cognición es la transformación mental de la información sensorial en conocimiento del entorno”.

-“A menudo los animales tienden a saber lo que necesitan saber”.

-“El conductismo (…) llegaba a afirmar que el comportamiento es lo único observable y que los procesos internos pueden ignorarse sin más. Hasta hay un chiste sobre esta exclusividad de las claves externas: un conductista pregunta a su pareja, también conductista, después de hacer el amor: ‘ha sido estupendo para ti, ¿cómo ha sido para mí?’”.

-“En 1952 el padre de la primatología japonesa, Kinji Imanishi, propuso que estaría justificado hablar de cultura animal si los individuos aprendiesen hábitos unos de otros y eso se tradujera en una diversidad comportamental entre grupos. (…) Mientras tanto los discípulos de Imanishi documentaron la difusión de la costumbre de lavar las batatas antes de comérselas entre los macacos de Koshima. El primer animal que lo hizo fue una hembra juvenil llamada Imo. (…) El hábito se propagó inicialmente entre los macacos de la misma edad de Imo, luego a sus madres y finalmente a casi todos los macacos de la isla; el lavado de batatas se convirtió en el ejemplo más conocido de una tradición social aprendida, transferida de un individuo a otro”.

-“Somos la única especie genuinamente lingüística. (…). La primera y principal ventaja del lenguaje es trasmitir información que trasciende el aquí y el ahora. La comunicación sobre cosas que están ausentes o sucesos que han ocurrido o están a punto de ocurrir tiene un gran valor de supervivencia. Uno puede hacer saber a los otros que hay un león en la colina, o que los vecinos han tomado las armas. Pero ésta es sólo una idea entre muchas, y es cierto que las lenguas modernas son con mucho demasiado complejas y elaboradas para este propósito limitado. Son lo bastante complejas para expresar pensamientos y sentimientos, comunicar conocimiento, desarrollar filosofías y escribir poesía y ficción. Una capacidad increíblemente rica, y de la que parecemos tener la exclusiva. Pero, como ocurre con tantos fenómenos a escala humana, una vez que lo descomponemos en piezas menores, algunas de estas piezas pueden encontrarse en otra parte. Es un procedimiento que yo mismo he aplicado en mis libros de divulgación sobre la política, la cultura y hasta la moralidad de los primates. Aspectos cruciales como las alianzas de poder (política), la difusión de hábitos (cultura), la empatía y la justicia (moralidad) son detectables fuera de nuestra especie. Lo mismo vale para las capacidades que subyacen tras el lenguaje. Las abejas, por ejemplo, indican con precisión la localización de fuentes de néctar distantes a la colmena, y algunos monos emiten llamadas en secuencias predecibles que recuerdan una sintaxis rudimentaria. El paralelismo más fascinante quizá sea la señalización referencial. El cercopiteco de cara negra de las llanuras de Kenia emite diferentes llamadas de alarma para advertir la presencia de un leopardo, un águila o una serpiente (…) conviene tener presente que la mayoría de los animales no aprenden sus vocalizaciones como nosotros aprendemos a hablar. Nacen con ellas”.

-“Hay documentos espectaculares de antropoides, elefantes o delfines ayudándose unos a otros en circunstancias desesperadas”.

-“En definitiva, la adopción de perspectiva ajena es frecuente en el mundo animal, desde la conciencia de lo que quiere el otro hasta el conocimiento de lo que necesita o sabe”.

-“Mientras la mayoría de los animales territoriales sólo necesitan saber por dónde pasan sus fronteras y cuán fuertes y saludables son sus vecinos, los siamangs tienen la complicación añadida de que los territorios son defendidos conjuntamente por parejas. Esto significa que el vínculo de la pareja es relevante. Las parejas mal avenidas serán peores defensoras de su territorio que las parejas unidas. Puesto que el canto de una pareja refleja el estado de su matrimonio, cuanto más bonito es, más informa a sus vecinos de que no deben meterse con ellos. Un dueto en estrecha armonía no sólo comunica ‘quédate afuera’, sino también ‘somos uno’. Por otro lado, si el canto de una pareja es manifiestamente discordante y desacompasado, los vecinos oyen la oportunidad de invadir su territorio y explotar la mala relación de la pareja”.

-“Durante años, Bshary nos ha encantado con la interacción y el mutualismo entre los pequeños lábridos limpiadores y sus huéspedes, los grandes peces a los que libran de ectoparásitos. Cada limpiador posee una ‘estación’ en un arrecife con una clientela que viene a limpiarse de parásitos, para lo cual abren sus aletas pectorales y adoptan posturas que facilitan el trabajo del limpiador. En un ejemplo de perfecto mutualismo, el limpiador elimina los parásitos de la piel, las agallas y hasta el interior de la boca del cliente. A veces el limpiador está tan solicitado que los clientes tienen que hacer cola”.

-“Lisala, un bonobo hembra, carga con una pesada piedra durante una larga caminata hacia un sitio donde sabe que hay nueces. Tras recolectarlas, continúa su camino hasta la única losa rocosa, donde emplea su piedra como martillo para cascar las nueces. Agenciarse una herramienta con tanta antelación sugiere planificación”.

-“Los animales aprenden lo que necesitan aprender, y tienen maneras especializadas de cribar la inmensa cantidad de información que procesan. Buscan, recogen y almacenan información activamente. A menudo son increíblemente eficientes en una tarea concreta, como almacenar y recordar la localización de la comida o burlar a los predadores, mientras que algunas especies tienen la potencia mental para resolver una amplia gama de problemas”.

Diccionadario

¿Y si las palabras se dirigen, antes que al hombre, a otras palabras?”. Stanislaw Jerzy Lec

Tomado de Diccionadario (Pre-Textos):

Cojín: cojo que no está out.
Sanbandija: santo patrono de los granujas.
Rabasí: lo contrario de rábano.
Putáneo: lo que se refiere a la piel de una prostituta.
Cabalgátula: carátula con caballos.

aquetaciÛn 1


Avisos y noticias

Números anteriores de Gozar Leyendo.- 

Consulte todas las entregas de Gozar Leyendo aquí.

Suscripciones.-

Si desea recibir Gozar Leyendo en su correo, solicítelo gratis a la siguiente dirección: gozarleyendo@lunalibros.com

La misma dirección para sus comentarios. Reenvíelo a sus amigos o, si lo prefiere, suscríbalos: basta que nos envíe su dirección.

Para asegurar que reciba nuestros mensajes, incluya gozarleyendo@lunalibros.com y lectorlunatico@lunalibros.com en sus contactos.

De nuestros lectores.-

“Estimado Darío: Muchas gracias por este alimento espiritual que religiosamente nos prodigas”. Gonzalo Medina Pérez.

“Darío: Muchas gracias por su boletín, hoy el número 61. Usted lentamente va ayudando a la divulgación de la cultura. Reciba un cordial saludo”. Luis Gallo.

¿Gozó leyendo? Comparta este boletín…Facebooktwittermail

Autor

Darío Jaramillo Agudelo

Darío Jaramillo Agudelo nació en Santa Rosa de Osos (Antioquia, Colombia) en 1947. Ha publicado los libros de poesía: Historias (1974), Tratado de retórica (1978), Poemas de amor (1986), Del ojo a la lengua (1995), Cantar por cantar (2001), Gatos (2005), Cuadernos de música (2008) y Sólo el azar (2011); las novelas: La muerte de Alec (1983), Cartas cruzadas (1995), El juego del alfiler (2002), Novela con fantasma (2004), La voz interior (2006), Memorias de un hombre feliz (2010) e Historia de Simona (2011); el libro en prosa Guía para viajeros (1991); el texto autobiográfico Historia de una pasión (2006) y el ensayo Poesía en la canción popular latinoamericana (2008).

No hay comentarios

Únase a la conversación