Gozar Leyendo # 56: Melville, Collins, Hawthorne, Remnick

Abril-2017-primera quincena

Apuntes, d.j.a.

Melville (Seix Barral) por Andrew Delbanco.-

Andrew Delbanco (1952), profesor de la Universidad de Columbia, escribió esta biografía de Herman Melville (1819-1891), el autor de Moby Dick, acaso la más importante novela escrita en Estados Unidos en todos los tiempos. Haciendo un balance, dice Delbanco que Melville “es una presencia viva en el sentido más amplio de la cultura. Entre sus contemporáneos es el más grande sin discusión, habiendo logrado combinar el estruendo del Nueva York de Whitman, con la gravedad de la Nueva Inglaterra de Hawthorne para obtener, en Moby Dick, una sensibilidad que creó el clásico norteamericano del siglo XIX (posiblemente junto a Huckleberry Finn) que mantiene su poder moral sin haber caído en lo moralista. (…) Hay muchos escritores que consiguen hacernos pensar lo que ellos, pero son muy pocos los que, una vez ha muerto su época, continúan haciéndonos reflexionar con ellos. Melville pertenece a este grupo”.

Claro que esos juicios de nuestro tiempo, acertados, corresponden a una revaluación del novelista de Nueva York. Porque cuando murió ya había sido olvidado; la noticia mereció dos líneas entre una larga lista de muertos de esa semana. Y durante mucho tiempo no existió en los balances que se hacían de la literatura estadounidense. Para Edith Wharton, Melville era “un primo de los Van Rensselaers, cualificado desde la cuna para formar parte de la alta sociedad, de la que se le excluyó sin lugar a dudas por su deplorable tendencia a la bohemia”. Y cuando Henry James, tan erudito él, hizo el balance de los colaboradores de la revista Putnam’s, donde Melville había sido colaborador, apenas lo menciona una vez.

Cuando Melville ajustó 33 años ya había publicado, además de dos novelas, la prodigiosa Moby Dick, que fue un fracaso de crítica y de ventas, fracaso que lo afectó mucho y lo replegó a un anonimato conmovedor. A los 42 años consiguió un modestísimo empleo en la aduana de Nueva York, donde trabajaría hasta poco antes de su muerte. Durante ese lapso escribiría cuatro libros: una larga novela en verso, Clarel, de la que el mismo Melville dijo que era “una pieza métrica, un peregrinaje, qué si no, de varios miles de versos, especialmente diseñados para la impopularidad”; y las otras tres obras que la crítica actual, incluyendo a Delbanco, merecen su paso a la historia: Bartleby, el escribiente, Benito Cereno y Billy Budd.

Esta magnífica biografía de Melville, puesta en un delicioso castellano por Juan Bonilla, “se propone esencialmente relacionar la obra de Melville con su vida y su época, traza un relato simétrico del triunfo artístico y el fracaso público de un escritor que en toda su vida ganó poco más de diez mil dólares, contando tanto las ventas de la Gran Bretaña como las de Estados Unidos”.

En mares helados (Navona) de Wilkie Collins.-

Un marinero jura matar al hombre que le quitó a la que creía su prometida. Decepcionado, se embarca en una peligrosa misión al Ártico y allí termina náufrago a la deriva cuidando a otro oficial del barco. Poco antes ha descubierto que ese oficial es el futuro esposo de esa mujer que él cree que lo traicionó. ¿Lo mata cumpliendo con su venganza? ¿Lo salva? No les voy a contar. Borges decía que Wilkie Collins (1824-1889) “es el maestro de la trama, la zozobra y los desenlaces imprevistos”. Aquí, En mares helados, se cumple con exactitud ese juicio borgiano y el lector está condenado a devorarse esta breve, intensa y magnífica novela.

Una frase de Wilkie Collins.-

“Cuando estés casada verás que los secretos más fáciles de guardar son aquellos que escondes a tu marido”.

El fauno de mármol (BackList) de Hawthorne.-

En apariencia, N. Hawthorne (1804-1864) es autor de una sola novela, La letra escarlata: con este crudo relato sobre la intolerancia, un clásico de la novela estadounidense, lo que hizo fue opacar auténticas joyas como La casa de los siete tejados y El fauno de mármol. Al contrario de las otras dos, que transcurren en Nueva Inglaterra, El fauno de mármol tiene escenarios europeos, Roma –casi toda la novela– y la campiña toscana. Las 429 páginas de la edición española de El fauno de mármol, traducida por Cristina Martín Sanz, contiene unas historias que pueden reducirse a pocas líneas. Sin embargo, Hawthorne tenía la magia de envolver con su prosa unos efectos de suspenso de baja intensidad; el narrador bien puede desviarse a una reflexión sobre el arte o a una diatriba contra la ciudad de Roma y mantiene siempre la gozosa atención del lector.

Tres citas de El fauno de mármol.-

  • Admirar con sinceridad… rara vez se encuentra en la naturaleza humana.
  • El sistema entero en que se desenvuelve el ser humano, tal como está establecido hoy en día, ha sido construido a propósito con el fin de excluir a los seres felices y desenfadados.
  • Tan natural le es a la humanidad el nomadismo, que con sólo saborear brevemente ese primitivo modo de existencia no tiene inconveniente en subvertir las costumbres arraigadas de muchos años atrás.

Rey del mundo, Muhammad Ali y el nacimiento de un héroe americano (Debolsillo) de David Remnick.- 

David Remnick (Nueva Jersey, Estados Unidos, 1958), quiso ser periodista desde cuando leyó El reino y el poder de Talese. Ahora es el director, desde hace casi veinte años, del New Yorker, se ha ganado todos los premios de periodismo, y es autor del ya casi clásico La tumba de Lenin, de una monumental biografía de Barack Obama, entre otros libros, y de Rey del mundo, Muhammad Ali y el nacimiento de un héroe americano, que acaba de publicar Debolsillo en traducción de Ramón Buenaventura y que se lee como una novela, la vida de una de las más grandes leyendas del deporte de Estados Unidos, acaso sólo comparable a Joe Louis o a Babe Ruth. Ali, aparte de crear una nueva manera de pelear entre los pesos pesados, por su humor, por su inteligencia, por su humanidad, se convirtió en un héroe, un héroe capaz de enfrentarse a la “América blanca”, de no prestar servicio militar, de poner en evidencia la discriminación racial. Jill Nelson, un escritor de Harlem citado por Remnick, cuenta que “adorábamos a Ali por su acto de desafío. Era el desafío contra la obligación de ser un buen negrito, de ser un buen cristiano en espera de recompensa por parte del proveedor blanco. Nos encantaba Ali porque era tan bello y tan poderoso, y porque decía muchas groserías. Pero también ejemplarizaba muchas de las cosas que los negros sentían en aquella época: nuestra cólera, nuestro sentido de la justicia, la necesidad de ser mejor sólo para alcanzar la media, la sensación de estarse enfrentando a las furias”. Esta biografía es tan buena, que se convierte en lectura apasionada aun para aquellos a quienes no les interesa el boxeo.

Diccionadario

Las palabras encierran sólo el humo de las cosas, su ausencia” (Julio Solari). 

Tomado de Diccionadario (Editorial Pre-Textos):
Testúpido: examen tonto.
Alterrar: cambiar valiéndose del miedo.
Humanso: individuo pacifista.
Tajarrabla: lo contrario de rajatabla.
Converdar: charlar diciendo la verdad.

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“El placer de la lectura siempre. Gracias Darío”. Rodolfo Izaguirre.

“Gracias Darío. Hace poco, en el diario local La Crónica del Quindío escribí sobre el libro póstumo de Rafael Baena. En pleno acuerdo contigo. Abrazos”. Gabriel Echeverri.

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Autor

Darío Jaramillo Agudelo

Darío Jaramillo Agudelo nació en Santa Rosa de Osos (Antioquia, Colombia) en 1947. Ha publicado los libros de poesía: Historias (1974), Tratado de retórica (1978), Poemas de amor (1986), Del ojo a la lengua (1995), Cantar por cantar (2001), Gatos (2005), Cuadernos de música (2008) y Sólo el azar (2011); las novelas: La muerte de Alec (1983), Cartas cruzadas (1995), El juego del alfiler (2002), Novela con fantasma (2004), La voz interior (2006), Memorias de un hombre feliz (2010) e Historia de Simona (2011); el libro en prosa Guía para viajeros (1991); el texto autobiográfico Historia de una pasión (2006) y el ensayo Poesía en la canción popular latinoamericana (2008).

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